DESCRIPCIÓN
Este encargo se queda en casa. Emily me pidió una estantería para (algunos de) sus libros, y específicamente para rellenar ese hueco. Tenía una idea aproximada de lo que quería hacerle pero cuando encontré esta madera de haya de 3 cm de grosor decidí probar algo que nunca había hecho. Compré la madera muy barata porque los tableros estaban despegados. Tuve que apañarmelas para pegarlos de nuevo.
Decidí hacer un voladizo aprovechando el grosor de la madera. Las patas no están conectadas horizontalmente más que por la propia madera, la cual sí está anclada a las patas. Por eso los cables de acero, para aportar un poco de tensión a la estructura, aunque en realidad no le hacen falta, pero me hacía ilusión usarlos.
Las patas eran parte de una antigua estantería de supermercado. El plan original era pintarlas pero Emily ha decidido dejarlas así de momento. Y como siempre, otro ejemplo más de la polivalencia de la varilla roscada.